- ¿Qué es la pirosis funcional?
- Ardor de estómago no significa siempre exceso de ácido
- ¿Por qué puede aparecer ardor si no existe un reflujo ácido anormal?
- ¿Cuándo puede sospecharse que existe una pirosis funcional?
- ¿Cómo se diagnostica?
- ¿Cómo se trata la pirosis funcional?
- Un diagnóstico preciso permite tratar el problema adecuado
Sentir ardor detrás del esternón suele asociarse inmediatamente al reflujo gastroesofágico. Sin embargo, no siempre que existe esa sensación hay una cantidad excesiva de ácido ascendiendo desde el estómago. En algunos pacientes, las pruebas muestran una exposición al ácido dentro de la normalidad y, aun así, las molestias persisten. Es lo que puede ocurrir en la pirosis funcional.
Identificar correctamente el origen de los síntomas es importante, especialmente cuando el ardor aparece de forma recurrente y los tratamientos habituales para reducir la acidez no consiguen mejorarlo.

¿Qué es la pirosis funcional?
La pirosis funcional es un trastorno en el que aparece una sensación de quemazón o ardor retroesternal similar a la del reflujo gastroesofágico, pero sin que las pruebas demuestren que el reflujo ácido sea el responsable de los síntomas.
Los criterios de Roma IV la diferencian de otras alteraciones esofágicas porque existe una exposición al ácido dentro de parámetros normales y no se encuentra una relación clara entre los episodios de reflujo y el momento en el que aparece el ardor.
Es decir, el paciente siente realmente el síntoma, pero su origen puede encontrarse en una mayor sensibilidad del esófago y en la forma en que el sistema nervioso procesa determinadas señales procedentes del aparato digestivo.
Ardor de estómago no significa siempre exceso de ácido
Cuando una persona presenta ardor con frecuencia, es habitual pensar que existe demasiada acidez. Esto puede llevar a utilizar medicamentos destinados a reducir la producción de ácido durante largos periodos sin obtener la mejoría esperada.
Sin embargo, diferentes problemas pueden producir síntomas aparentemente muy similares:
- Enfermedad por reflujo gastroesofágico (ERGE), cuando existe una exposición excesiva del esófago al contenido gástrico.
- Hipersensibilidad al reflujo, cuando la cantidad de reflujo es normal, pero los episodios se relacionan claramente con los síntomas.
- Pirosis funcional, cuando la exposición al ácido es normal y tampoco existe una asociación entre los episodios de reflujo y el ardor.
- Otras alteraciones del esófago que deben descartarse antes de llegar a un diagnóstico.
Esta diferenciación es especialmente relevante porque el tratamiento adecuado puede ser diferente en cada situación.
¿Por qué puede aparecer ardor si no existe un reflujo ácido anormal?
En la pirosis funcional, uno de los mecanismos implicados puede ser una mayor sensibilidad de las terminaciones nerviosas del esófago.
Esto significa que estímulos que normalmente pasarían desapercibidos pueden ser interpretados por el organismo como molestos o dolorosos. No es necesario que exista una lesión visible para experimentar síntomas.
También interviene la comunicación existente entre el aparato digestivo y el sistema nervioso, conocida como eje intestino-cerebro. Los mecanismos mediante los que el cerebro recibe, interpreta y modula las señales procedentes del esófago pueden influir en la intensidad con la que se percibe el ardor.
Por ello, la pirosis funcional no debe interpretarse simplemente como un problema de “tener más o menos ácido”, sino como una alteración más compleja de la percepción de las señales esofágicas.
¿Cuándo puede sospecharse que existe una pirosis funcional?
Uno de los escenarios que puede hacer necesario estudiar otras causas aparece cuando una persona presenta ardor retroesternal frecuente y no obtiene una respuesta adecuada a los tratamientos antisecretores correctamente administrados.
Por dicha razón, se recomienda considerar este diagnóstico ante síntomas persistentes a pesar de una terapia antisecretora óptima y realizar un estudio específico antes de confirmarlo.
Algunas situaciones que pueden justificar una valoración especializada son:
- Ardor frecuente que persiste pese al tratamiento.
- Gastroscopia sin alteraciones que expliquen los síntomas.
- Molestias que aparecen sin una relación clara con determinadas comidas.
- Síntomas mantenidos durante meses.
- Episodios recurrentes que afectan a la calidad de vida.
Estos signos no permiten diagnosticar por sí solos una pirosis funcional. Es necesario estudiar cada caso para descartar otras posibles causas.
¿Cómo se diagnostica?
El diagnóstico de pirosis funcional requiere demostrar que el reflujo gastroesofágico u otras enfermedades del esófago no explican las molestias. La elección de las pruebas depende de los síntomas, los antecedentes y de los resultados obtenidos previamente. No todos los pacientes necesitan realizar el mismo estudio.
Gastroscopia
La gastroscopia permite observar directamente el esófago y detectar si hay inflamación, lesiones u otras alteraciones estructurales. Dependiendo del caso, también pueden obtenerse biopsias para descartar determinadas enfermedades de la mucosa esofágica.
Monitorización del reflujo
Las pruebas de pHmetría o pH-impedanciometría permiten analizar durante un periodo prolongado la exposición del esófago al ácido y los episodios de reflujo.
Además de medir cuánto reflujo se produce, ayudan a comprobar si existe una relación temporal entre los episodios registrados y los síntomas que refiere el paciente.
Manometría esofágica
En determinadas situaciones puede ser necesario realizar una manometría esofágica de alta resolución, una prueba que permite estudiar el funcionamiento y los movimientos del esófago y descartar trastornos motores importantes.
La combinación de estas pruebas permite diferenciar mejor entre ERGE, hipersensibilidad al reflujo y pirosis funcional.
¿Cómo se trata la pirosis funcional?
El tratamiento debe adaptarse a las características de cada paciente y, sobre todo, al mecanismo responsable de sus síntomas.
Cuando se confirma una pirosis funcional sin enfermedad por reflujo asociada, aumentar de forma continuada el tratamiento destinado a reducir el ácido puede no aportar beneficio, ya que el problema no se encuentra en una exposición ácida excesiva.
En función del caso, el especialista puede valorar estrategias dirigidas a modular la sensibilidad esofágica, determinados tratamientos neuromoduladores a dosis específicas o intervenciones destinadas a mejorar la regulación del eje intestino-cerebro.
Lo fundamental es evitar tratar únicamente el síntoma sin haber determinado previamente cuál puede ser su origen.

Un diagnóstico preciso permite tratar el problema adecuado
Tener ardor no significa necesariamente padecer un exceso de ácido. La pirosis funcional demuestra que síntomas muy similares pueden tener mecanismos completamente diferentes y que, cuando las molestias persisten, puede ser necesario ir más allá de los tratamientos habituales para el reflujo.
Realizar las pruebas adecuadas permite conocer qué está ocurriendo realmente en el esófago, descartar otras enfermedades y orientar el tratamiento de manera más precisa.
Si tienes ardor frecuente y los tratamientos habituales no están consiguiendo controlar tus síntomas, en GASTEA podemos estudiar tu caso de forma individualizada. Solicita una consulta con nuestro equipo de especialistas en Aparato Digestivo para valorar el origen de tus molestias y determinar qué pruebas o tratamiento pueden ser más adecuados para ti.


